PA-11-005 Los primeros años de su vida

Desde muy niño, Pancho comienza a trabajar en todo cuanto lo requieren en su casa e igualmente ayuda a otras familias, lo cual era habitual en aquella época, pero es importante destacar la predisposición de Pancho en colaborar con cuantos lo necesitaban, demostrando una habilidad especial en la doma de caballos, caminando por cualquier lugar de la Sierra del Cuera por mucho precipicio que hubiese: “...un mal momento lo pasé cuando me perdí con la niebla, caía de repente y no daba tiempo a orientarse para escapar; estuve desde la tarde hasta el amanecer en una ocasión, era el mes de mayo no había donde meterse y hacía mucho frío...algo parecido me ocurrió en mas ocasiones” ; otra vez...”al entrar en un sitio difícil en la peña (el vurdiu) no podía seguir ni retroceder, era muy peligroso, y esperé desde las tres de la tarde hasta que llegara la noche para no ver el precipicio...”a estos lugares les denominaba “huertos peligrosos” que a veces se quedaban sin poder salir hasta las cabras...” yo tenía mucha habilidad y ningún miedo al monte, me gustaba mucho...lo recorría andando o a caballo...”


Con 12-14 años comienza a trabajar con su padre en la dura actividad de serrar maderas, lo cual requería un gran esfuerzo y sobre todo teniendo en cuenta que ...”se pasaba bastante hambre...”; con estas maderas transformadas en tablas su padre realizaba, después de un largo proceso totalmente artesanal,


distintos trabajos que estaban poco retribuidos e incluso algunos se realizaban de forma gratuita; un ejemplo eran los féretros cuando alguien fallecía: “...no cobrábamos nada, por ello y decía que bastante desgracia habían tenido en esa familia por perder a uno de los suyos...” no obstante, en alguna ocasión les daban la madera para compensar lo que habían gastado en materiales; hacían carros del país, puertas de castaño, arados aprovechando la forma del árbol para labrar la tierra y otros...


Otra actividad que practicó Pancho fue la de hacer el carbón y la cal, lo cual suponía mucho trabajo y esfuerzo: se hacía un fuego grande con leña de encina o roble, colocando la piedra en él y tapando, manteniéndolo activo hasta conseguir el carbón, pero con un seguimiento para que el fuego fuese lo justo, ni mucho ni poco; los lugares donde se preparaba se llamaban joyas o caleros, procurando así unos ingresos para aliviar la maltrecha economía familiar; “...después me tocaba cargarlo en sacos para ir a venderlo, era duro no creas, lo mismo el carbón vegetal que la cal...había que llevarlo a cuestas a donde fuese necesario...”


A Pancho lo mandaban, también, ir a llevar el maíz para moler a Mier o Niserias, donde funcionaban antiguos molinos movidos por agua para convertirlo en harina; ...”no me dejaban subir al caballo porque iba cargado, pero nunca iba andando...cuando ya no me veían, ya sabes...”...en Llonín había también molinos de este tipo pero se fueron abandonando, fue una pena...el último estaba en Rubena...”


Hay que dejar constancia de lo que él repetía siempre: ...”fui poco a la escuela...había que arrimar el hombro, para poder comer...ayudando, porque éramos muchos...””


En aquella época la mayoría se desplazaban de un lugar a otro caminando, debido a la escasez de medios; el desplazarse desde Llonín a La Borbolla u otros lugares era lo habitual y a él casi siempre le tocaba ir. Pancho tenía actitudes para domar caballos, era un buen jinete y se procuraba uno, de casa o no, domado o silvestre, para hacer los recorridos aunque en casa no le dejaban debido a los pocos años y al riesgo: ...”cogía a lazo cualquier caballo, normalmente elegía el mas fuerte y rápido porque los conocía bien, aunque si no era de casa me decían algo, pero me llamaban cuando necesitaban coger alguno o domarlo mi padre tenía muchos caballos y cayó una nevada tan grande y prolongada que murieron varios a pesar de que subió mucha gente del pueblo para intentar salvarlos, eran inviernos muy fríos y de grandes nevadas...nos llegaba la nieve mas arriba de la cintura...fué impresionante como respondió todo el mundo…”


Le gustaban mucho los trabajos manuales y pronto comenzó a hacerse sus “flautas” de maderas de nogal, sauce u otros; sacaba la corteza y les hacía agujeros para ponerlas a sonar a modo de gaita; del mismo modo, le gustaba tocar el tambor, utilizando para entrenar cualquier lata, lechera metálica o superficie, por ser lo mas parecido al tambor y así seguiría toda la vida...tocaba con los dedos encima de la mesa siempre a la hora de comer, amenizando la mesa, cantaba muy bien cualquier canción y hacía versiones con letra propia…


Bien se puede decir que la niñez de Pancho no estuvo exente de dificultades pero aseguraba haberlo pasado muy bien , debido a la buena relación existente con todos los vecinos; la convivencia era cordial y afectuosa, intensa, divirtiéndose mucho porque en las familias había muchos hijos y con pocos medios, disfrutando incluso mientas trabajaban; un ejemplo:...”a veces éramos 20 ó 30 jóvenes para cuchar (abonar los prados) y nos poníamos en cadena trasladando los cestos desde la cuadra al prado del arcu que era del tiu Victor... lo pasábamos bien...”


Del mismo modo se ayudaban unos a otros en la siembra de las patatas, el maíz, la hierba o cualquier otra actividad... Otro momento bueno era la celebración de la romería y a pesar de ser el 20 de enero , la fiesta del pueblo propiciaba el encuentro alegre, haciendo felices a todos, en particular a los mas jóvenes que bailaban al son de la gaita y el tambor: “se bailaba tocando con una lata cualquiera, cantábamos asturianadas, y otras...aunque el día de la romería tocaba un gaitero, Cesar o Llanín de la Borbolla, llegaban caminando por El Cuera, venían ellos casi siempre. Eramos incansables bailando y divirtiéndonos. Los mayores también lo pasaban bien y había mucha alegría...”


Los juegos de niños eran sencillos, pero permitían la diversión y la ausencia de aburrimiento, destacando los siguientes:”el calvu”; “el pitís”; “el hoyu” ; “el castillu”, “la peonza...” “el aeroplano” o los bolos; eran entretenidos y sin costo alguno de material.


Debido a la buena relación que mantenían los jóvenes, acostumbraban a “actuar” en grupos, tanto para trabajar como para llevar a cabo alguna “trastada” de las suyas: “... en una ocasión fuimos a peras y yo estaba subido al árbol, momento


en que llegó el propietario y comenzó a insistirme que bajara para ajustarme las cuentas y ante la negativa mía (los otros estaban escondidos, muertos de risa) me aseguró que iba a por una sierra para tirar el árbol, momento en el que bajé con los pantalones llenos de peras y lo celebramos todos juntos.Claro está que si se enteraban en casa: el castigo estaba asegurado…”

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