PA-11-008 De aprendíz a maestro

El progreso tocando la gaita se iba haciendo realidad cada día y sin pasar mucho tiempo comienza a tocar en público, siendo muy normal escucharlo tocar a cualquier hora del día o por la noche, sin que nadie se lo pidiera, pero, cuando era así, estaba dispuesto siempre...” si me recordaba de una canción en la cama me levantaba para intentar tocarla, aprovechaba muy bien los momentos de inspiración; cuando venía alguien me gustaba tocar lo que me pidieran…”


En pocos años, además de comenzar a tocar la gaita y ver hecha realidad su afición de siempre, consigue que sea una fuente de ingresos; llegan dos hijos y con ellos otras preocupaciones, siendo la fundamental la de estudiarlos, quería darles la oportunidad que él no había tenido: “... no quisiera que quedarais aquí...tenéis que aplicaros en la escuela y salir de aquí para estudiar....ya que yo no pude...”


Dedica mucho tiempo al aprendizaje y perfeccionamiento para tocar la gaita, teniendo como maestros de referencia a Llanín y Cesar de La Borbolla, Manolo Rivas etc.,aunque decía de este último, que no quería enseñarle e incluso tocaba regular si sabía que lo escuchaba; aprendió a tocar muy bien el tambor y acompañaba a algún gaitero antes de comenzar él a tocar la gaita. ...” donde mas aprendía a tocar era en La Borbolla, porque ponían mucho interés en que aprendiera e iba allí tantas veces como podía... eran muy buenos gaiteros...y mejores personas..”


Tocaba prácticamente todas las canciones aunque algunas eran difíciles pero su forma de ser, autodidacta y muy constante, le permite superarse de forma rápida; sentía auténtica vocación, pasión por tocar la gaita, sin importar hora o lugar ni cual fuese su estado de ánimo, porque siempre estaba dispuesto a complacer a los demás; repetía con frecuencia:...”que nunca muera la gaita... las canciones mas bonitas y antiguas son las


de esta zona del Oriente, hay que mantenerlo, porque es nuestra cultura e igualmente otras costumbres de los antepasados...”Actuaba en romerías, en la Iglesia, en la bolera, bodas u otras celebraciones en todos los pueblos de Peñamellera Alta y Baja, Cabrales, en la zona próxima de Cantabria de la que comentaba que había mucha afición: Puente Nansa, Lamasón, Peñarrubia, Valle Cabuérniga, Herrerías, Garabandal, donde estuvo tocando varias veces y hablaba sobre “el milagro”; venían de estos lugares a aprender a tocar la gaita y para ponerla a punto; en alguna ocasión lo llevaron a Madrid para recibir con gaita a algún indiano procedente de América hacia algún lugar de los citados; decía, con frecuencia, que tenía buenos amigos, Emilio de Carmona, Moisés de Cosio y otros residentes en Torrelavega ; “...cada día me sorprende mas la afición tan grande que tienen por la gaita en esa zona de Cantabria y lo bien que cantan y bailan; son entusiastas y nos reciben muy bien siempre “


De Pancho, hablan en la zona por su forma de ser, por la ilusión que tiene de transmitir a todos lo típico asturiano, lo cual se sigue manteniendo y va en aumento, en particular en toda la zona occidental de Cantabria y también en el resto, con grandes maestros como Sergio Sordo Herrero e igualmente interpretes de la tonada que ganan concursos en Asturias, entre otros, Teatro Campoamor de Oviedo etc. etc.


Pancho construye sus propias payuelas y payones para el sonar del puntero y el roncón, respectivamente, o la zapata que para el aire en el soplete e igualmente los fuelles de cabritu, sacados por él del animal en una sola pieza y los curtía; traía de Pola de Siero un líquido con el que los impregnaba. Se desplazó en alguna ocasión hasta Castellón para conseguir la cañavera idónea y hacer sonar bien el instrumento:...”son muy delicados estos instrumentos, les afecta la humedad o el calor y les cambia el sonido, por eso es importante hacerlos de buen material, el que hay por aquí no vale...”


De manera incansable lleva la música de la gaita y el tambor por distintos lugares de Asturias y de la geografía española, Madrid, Barcelona, León, Galicia, Zaragoza, Andalucía etc., son algunos de los mencionados por él, contando


sus experiencias: ...” en Sevilla toqué penita pena (de Lola Flores)- Los Campanilleros y en cada región tocaba alguna de aquella tierra...”; no me gustaba cuando nos decían que éramos gallegos y era preciso aclararlo...seguramente Galicia promociona mas sus costumbres y folklore que Asturias...”


Pancho traspasa las fronteras y va a Francia con el grupo El Corri-Corri de Cabrales, donde coincide con José Angel Hevia y le decía: “...que nunca muera la gaita, ni sea desplazada por nada... hay que potenciar lo nuestro y aunque me gustan las cosas nuevas o modernas debemos respetar lo de siempre y potenciarlo…”


Del Grupo El Corri Corri de Arenas de Cabrales, guarda los mejores y más grandes recuerdos que traspasan lo típico/folclórico para convertirse en admiración personal por todos ellos. Lo mismo pensaba de Cabrales de sus pueblos, de todos. Estuvo en todos los pueblos en numerosas ocasiones para tocar la gaita y el tambor. Guardaba un especial y cariñoso recuerdo por todas sus gentes y destacaba la forma de ser en defensa de sus costumbres, formas de vida y gente hospitalaria, que hacía vivir unas experiencias difíciles de olvidar…”


Viaja a Santo Domingo en 1.981 donde pasa varios días en compañía de su inseparable hermano Secundino; un día Pancho se encuentra algo enfermo y un médico le receta medicación pero era muy reacio a tomarlo, era aprensivo y estaba lejos:...”si tu lo tomas, le dijo al hermano, lo tomo yo...” y así fue...; al regreso comentaba la impresión tan buena de los asturianos residentes en aquel lugar y el entusiasmo por lo típico de Asturias ...”nos trataron con cariño y bien, son estupendos, no sabían que hacernos...; ya comenzaba a encontrarme allí pero no podía vivir sin estar en Llonín con los míos y contemplar la grandeza del lugar; no hay nada igual. Cuando llegué al Aeropuerto de Madrid-Barajas-llevé una enorme sorpresa: me estaba esperando Mariquina y es que ella siempre me decía que le gustaría mucho no morirse sin subir a un avión, porque solo los había visto cuando la guerra civil pasar, muy bajos, en el Collau de Lleraña. Vinimos juntos hasta Santander. Fue inolvidable regrasar. Nos queríamos mucho…”

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