EP-02-002 AGRADECIMIENTOS

AGRADECIMIENTOS

Relacionados con el disco "Ecos de Peñamellera"


A las comisiones de fiestas de todos los pueblos, que tanto valoraba Pancho.


Por respetar las tradiciones de sus antepasados organizando las fiestas sin faltar detalle, con la aportación solidaria de los vecinos. En algunos casos, por ejemplo Suarias, por coincidir la fiesta de San Antonio con otras ya quedaban con Pancho cada año para tocar el siguiente…

A los bares de los pueblos por su labor social.


Eran punto de encuentro de las gentes del lugar y de los que llegaban al pueblín; lugares de charla y debate, de entretenimiento con aquellas partidas de tute y brisca sobre todo las personas mayores. También para tocar la gaita y cantar por la romería, sin límite horario. Los dueños de estos locales, a la vez que se ganaban la vida trabajando en su bar tenían espíritu solidario, de sacrificio, de atender y servir bien a todos. Como ejemplo, Suarias, que contaba con uno de estos bares o chigre que tanto se echan de menos en la actualidad. Sus dueños Casimira y Ramón, trabajadores incansables, cordiales por naturaleza, ilusionados, como todos, con la fiesta del pueblo. El compartía las faenas propias del campo y la atención al bar con la actividad de cartero. Ella, cocinaba muy bien, siempre pendiente de que no faltara detalle en el bar que atendía con esmero. Casimira aún vive y con su avanzada edad mantiene plena lucidez. Cuenta cosas del bar, de cómo era la vida del pasado siglo, de su trabajo y sacrificio para sacar adelante los ocho hijos del matrimonio. De las romerías, habla de Pancho y del tamboritero. Comenta que en una ocasión le dijo a Pancho: ”tengo un nietu que va a tocar la gaita como tú” Habla y comenta de un tiempo pasado que recuerda con nostalgia y eso sí, con todo tipo de detalles…

A Ricardo Soberado Hoyos


Agradecimiento sincero a todos los que han participado en la grabación de este disco recordando a Pancho “El Gaiteru de Llonín”. Ello ha sido posible gracias al tesón, esfuerzo y sacrificio de Ricardo Soberado . Sin él, este trabajo no hubiese sido posible. La recopilación de datos, la elección de las canciones, la conexión con todos los intérpretes, logrando versiones inéditas de gran calidad musical, el perfeccionamiento conseguido, reproducir la voz de Pancho y hacer realidad este sueño.

Para desarrollar lo que él mismo llamó en su día “proyecto Pancho” ha requerido de una especial constancia y sensibilidad por su parte para seleccionar todo el repertorio que ahora escuchamos. Recordar a Pancho con la interpretación de aquellas canciones que él tocaba, para el baile, en la iglesia, acompañando para cantar, supone una gran alegría, y no hay palabras para expresarlo. Lo es más aún cuando los participantes tienen sus raíces en las Peñamelleras.

Ahora, se ve cumplido su deseo al recopilar aquí distintas canciones, versionadas e interpretadas con tanto esmero y maestría por grandes profesionales del momento y por lo tanto finalizado el proyecto con la grabación de este disco tan especial. Alguien dijo que la música da alma al universo, alas a la mente, vuelo a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas.
Muchas gracias.

A TODOS LOS TAMBORITEROS

Pancho aprendió a tocar a muchos tamboriteros. Para él era fundamental el acompañamiento del tambor y de ahí que exigía entrenar con mucha frecuencia El aprendizaje era duro ya que tenía por costumbre repetir muchas veces las canciones hasta lograr un especial entendimiento del tambor y la gaita. A todos los que han acompañado a Pancho a lo largo de tantos años un especial reconocimiento. En Llonín, los hermanos Victorino, Gregorio, Vicente y Jorge que aún no siendo conocido porque vive en Santander aprendió a tocar el tambor y la gaita, hace payuelas y payones; hijo, Panchín, Luis Sánchez, Ramón Rodriguez y sus hermanos Joaquín y Secundino. A este último, que ya no está con nosotros, dedicamos un cariñoso y emocionado recuerdo. Fueron muchos años tocando juntos la gaita y el tambor, de viajar al extranjero y a distintos lugares, de tocar en romerías u otros actos festivos. Los dos hermanos se entendían con la mirada. Cundo tocaba el tambor con mucha armonía y adornaba las canciones con esos golpes sabios en la madera, marcando un ritmo especial que lo caracterizaba. Tenía un gran sentido del humor y siempre estaba disponible. Los dos hermanos, Pancho y Cundo, nos dejaron un gran recuerdo, de alegría a través de la música asturiana y como personas algo tan especial que los hará inolvidables.

El 26 de Julio de 2015 nos dejó, de forma inesperada, Victorino Trespalacios Herrero uno de los aquí nombrados, componente del Grupo de Gaitas Principado y que acompañó a Pancho durante algunos años. Lo recordaremos siempre…

ESPECIAL A NEL MELERO


Por su desinteresada,intensa y muy especial participación el día 20 de agosto en Alles, inmortalizando el acto con imágenes llenas de maestría y sorpresas (fotos y vídeo) como ya es su costumbre. Muchísimas gracias

 

A JOSÉ ANTONIO COSIO (TOÑO)




 

 

 

 


♥ AGRADECIMIENTO♥


   A José Antonio Cosio, por su publicación en "El Oriente de Asturias",que aquí reproducimos, nuestro mas sincero agradecimiento...


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 DÍA 17, VIERNES, AÑO 2010


Pancho Galán Trespalacios, El gaitero de Llonín


 

LA HISTORIA DEL GAITERO DE LLONIN es la historia de una decisión. Pocas vocaciones tan tenaces, pocas vidas tan claras, pocas biografías tan unánimemente reconocidas. La historia del gaitero de Llonín es la historia de un hombre bueno que nació en Llonín un día de primavera de 1917. José Francisco Galán Trespalacios creció en una familia de la época, humilde y numerosa –un estómago que llenar entre otros nueve-, y empezó compartiendo el útero materno con una hermana que falleció siendo muy niña.

 

Su padre, hombre de campo, era además carpintero, oficio con el que intentaba completar los ingresos indispensables para sobrevivir en una época tan dura. Así las cosas, la escuela, para la mayoría de los niños, era una quimera inalcanzable porque tenían que empezar a ayudar en casa desde muy jóvenes, cuidando el ganado, colaborando en la siega o, como en el caso de Pancho, prestando su apoyo en el taller del padre.

 

Puede decirse que ya en ese tiempo comenzó a larvarse una primera aproximación a la gaita. Quién sabe si la plasticidad de las maderas del padre carpintero, o cierto nerviosismo incipiente por las manos, o un hormigueo entre los dedos, el caso es que el niño ensayaba ya, en madera de nogal, sus primeras flautas que, “bueno, no se entendían los sonidos, pero ya me gustaba”. Pronto, a los primeros tanteos, siguió la necesaria emulación: Llanín el de La Borbolla o César, héroes, gaiteros, al alcance de los humanos. “No me separaba de ellos”. Otra cosa sería con Manolo Rivas, codicioso con el secreto de sus manos que “cuando me acercaba, dejaba de tocar”.

 

La guerra es el episodio meridiano de aquellas vidas que hoy van para un siglo completo. Un día se produce la llamada que le llevará por el Ebro, por el Jarama, por Cataluña y Aragón. Tan cruentos fueron aquellos episodios, que se llegó a buscar parapeto tras los cuerpos inertes de los compañeros. Los recuerdos, tan tristes, nunca privaron a Pancho de los dulces paréntesis en las situaciones más graves: “la batalla fue durísima…, pero recuerdo cómo cantábamos”.

 

Todo pasa y todo queda, y Pancho pudo volver. En Llonín, la obsesión de su vida tuvo su lógica consecuencia: la gaita, aprehenderla. Poco a poco va aumentando su contacto con los gaiteros del otro lado del Cuera, de La Borbolla, que le van dejando probar. Con ganas, pero sin gaita, pasa la vida.

 

Contrae matrimonio con María Caso Pintueles quien, cumplidora, va a hacer realidad el sueño de Pancho: “no te preocupes, cuando nos casemos vas a tener una gaita y una bicicleta”. La gaita era para ser feliz, la bicicleta, para ir a buscar el racionamiento a San Vicente. María, mayor que él, fue una mujer culta, muy lectora, pragmática, hiperactiva, gran administradora.

 

La primera gaita fue fruto de una paciencia inimaginable. Como Pancho era persona muy comunicativa, que establecía contactos con facilidad, logró, por esas cosas de la vida, que esa primera gaita de sus sueños quisiera salir, precisamente, de las manos del famosísimo Cogollo. A partir de ese acontecimiento, la gaita va a asistir a cada momento de su vida. En los descansos de la siega, María cantará las canciones que Pancho habrá de ir traduciendo. Son estos años los del inicio del gaitero por los pueblos. La destreza y la fama crecientes lo llevan a que en 1953 lo contraten “los de Alles” para que les acompañe a las piraguas del Sella. A la vuelta del viaje, el autobús sufrió un percance: el incendio que acabó con el autobús acabó con la gaita también. Pero el mismo 8 de agosto de 1953, “los de Alles” redactaron la siguiente nota: “Recolecta de los compañeros del milagroso viaje a las piraguas de Ribadesella, el 8 de agosto de 1953, para ayudar a la reposición de la gaita siniestrada del gaitero don Francisco Galán”. Con un largo listado de nombres y la cantidad reunida: 4.500 pesetas. Y de las manos de Cogollo volvió a salir, para Pancho, el segundo milagro.

 

Actuó en romerías, en iglesias, en muchas boleras, en bodas y toda clase de celebraciones, en cada pueblo de Peñamellera Alta y Baja, en Cabrales, en Puente Nansa, en Lamasón, en Peñarrubia, en Herrerías, en Garabandal…

 

El gaitero construía sus propias pajuelas y payones para el sonar del puntero o el roncón, o la zapata que para el aire en el soplete, o los fuelles de cabrito. Llegó a ir a Castellón para conseguir la cañavera idónea y hacer sonar bien el instrumento: “le afecta la humedad o el calor y le cambia el sonido, por eso es importante hacerlo de buen material, por aquí no lo hay".

 

Llevó la gaita por toda España, por Santo Domingo, por Francia, manteniéndose al día con el repertorio, sin perder de vista las canciones antiguas, dominando las canciones religiosas, que incluían la misa cantada con gaita.

 

José Francisco Galán Trespalacios, el gaitero de Llonín -fallecido en el año 2000-, fue, y sólo quiso ser, un gaitero de pueblo, con una forma de tocar artesanal que nunca, que nunca, desvirtuó la sagrada transmisión casi oral.

 

 

José Antonio Cosío
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